Tengo un minuto de tiempo para poder desearos...¡YAAAA!

"Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad,
saca la bota María
que me voy a emborrachar"

... o en versión moderna...

Son las 0:01, ya han llegado las fiestas como tal; esta noche nos reuniremos con la familia, tomaremos una copita quizás en el trabajo para celebrar el día antes de acabar de trabajar y les daremos besos y buenos deseos aunque a veces sea hipocresía pura.

Diremos por ahí que no nos gustan estas fiestas, que estamos deseando que pasen, que odiamos las Navidades...Preguntaremos a diestro y siniestro que van a hacer por la noche las personas con las que hablemos...nos dirán con una cara pesarosa: "en familia;con los suegros;nada especial tranquilamente en casa..."

A mí me gustaban mucho las Navidades; salvo la cena familiar que se me hace durilla porque quizás no somos un ejemplo de unión fraternal y nos aburrimos. Pero a medida que nos hacemos mayores nos cansan las fiestas, las cenas a las que todos acudimos aunque digamos que no nos gustan, la gente que abarrota las calles, los comercios, los bares...El gasto de dinero a finales de año cuando todos parecen que hacen el cierre de cuentas y nos reclaman las comisiones de las tarjetas; Vienen los regalos de reyes con la dificultad por la falta de tiempo de comprarlos. La sensación de que se ha convertido todo en un rollo comercial.

En mi casa lo que sí se sigue celebrando como cuando éramos niños son los reyes; seguimos quedándonos en casa de mis padres y yéndonos pronto a dormir, y mi padre nos despierta a las seis para levantarnos a ver los regalos que los Reyes Magos han dejado en los zapatos que dejamos la noche anterior.Mi hermana y yo nos juntamos para comprarle a los demás, mis padres por otro lado, y luego cuando acabamos ahí, vamos a las siete a casa de mi hermano mayor a recoger lo que nos han dejado allí; uno a uno esperamos mientras desenvolvemos los regalos y al finalizar mi hermano el sieso hace chocolate para el roscón. Desde allí volvemos a casa para que abran los paquetes que quedaron en casa de mis padres para ellos.El año pasado quise estrenar la tradición de que viniesen a la mía para tener un detalle, algo pequeño pero que les diera la ilusión de un regaliño más. Así obligaría a mi hermano a subir a casa y conocerla porque si no, ni aparece por ahí. Luego nos vamos a comer fuera para celebrarlo. Ya son sólo éstas, y algunos cumpleaños, las únicas ocasiones en que nos reunimos todos, qué pena. Me hubiera gustado que nos necesitásemos un poco más.

Pienso que si tuviéramos que regresar de algún lugar lejano, si la distancia y el tiempo nos hiciera sentir mayor nostalgia, podríamos sentir aquella morriña del anuncio "vuelva a casa por Navidad".Puede que la ilusión se nos confunda con las responsabilidades y hayamos dejado a un lado la inocencia del ayer. Deberíamos en estos días hacer un esfuerzo por recordar la ilusión de la niñez, las vacaciones, el botellón del día de la lotería y el sonido de los niños de San Ildefonso al despertarnos en la tele de casa; el cosquilleo cuando llegaba el día de hoy y aún más dentro de una semana cuando nerviosos aguardábamos a que dieran los cuartos en el reloj de la Pta. del Sol. Las risas cuando nos atragantábamos con las uvas y la prisa por arreglarnos cuando nuestros padres ya nos dejaban salir de fiesta;-" ¿a qué fiesta vamos?"- nos preguntábamos entre los amigos.Las chicas buscábamos un maravilloso traje de fiesta para esa noche en la que podíamos sentirnos princesas por un día; la pelu, la depilación... Respecto a los chicos era el único día del año en el que se veía a todos "wapos" como si fuéramos de boda. Después de la farra, mucho alcohol, llega la mañana, el cansancio, el chocolate y los churros...
Dormimos muy perjudicados y sin ganas de la comida que nos espera al día siguiente. Por fin llegan los Reyes que son como digo una ilusión para mí, tanto por la que tengo por dar, como por la incertidumbre de si te abran traído lo que pedías en la carta (mi familia hacen todos carta) o será carbón.

Estas fechas parece que se nos echan encima y pasan sin fijarnos en ellas. Las luces y la magia pasarán por el deseo de que pasen las fiestas y sus agobios de gentes por todas partes. Abramos los sentidos a esos detalles como cuando éramos niños; puede que si la vida no nos fuera como ahora, si nuestra salud fuera mala, si nos pillara en el hospital, en otro país, echaríamos de menos estos momentos.